HOJOS DE OTOÑO


A estas alturas del calendario putonlírico
no puedo afirmar aún 
que sea el hombre más otoñal del mundo,
pero sé que no gano nada con huir de mí,
mi corazón está más desnortado que una luna 
epiléptica de septiembre,



y de qué me vale andar persiguiendo el concepto 
de angustia 
de Sören Kierkegaard, mi amor, 
si los castaños de nuestra República de Almendros 
sin cesar pronuncian que al parecer no 
tenemos remedio,
porque actuamos como perros capados 
y nos comportamos como conejillos 
de dibujos animados de Indias...

¿QUÉ ESCRIBIR QUE SEA TRASCENDENTE?


EL MIRADOR DE LOS MIGRANTES


      Paso algunos ratos, estos últimos días, en el Mirador de los Migrantes, a la orilla del Sil, meditando sobre esto y lo otro y lo de más allá, sobre el mal endémico de las escuchas ilegales, sobre las enfermedades infantiles del izquierdismo español, sobre las recientes cursilerías literarias que han brotado en nuestra provincia...


       Medito en vano, lo sé, y me desasosiego y acabo hablando en voz alta con esa estatua que encarna la eterna migración. ¿Qué pensará ella de mí? Yo nunca voy a cuestionar el derecho a la intimidad de nadie, aunque ese nadie sea un criminal, pero el caso es que desde niño siempre he soñado con ser espía, espía del KGB, espía del Mosad, espía del MI6 británico...


       Y sin embargo ella, esa turbadora estatua del Migrante, no sabe aún qué es un izquierdista español enfermo de optimismo antropológico, y cómo argumenta y se defiende un izquierdista tradicional cristianoide y provinciano...

     Medito en vano, lo sé, y solo hace falta que pase un tren para que se me vayan esos pensamientos a tomar vientos... Mejor, mucho mejor estaría —me digo ya en voz baja— reflexionando sobre este paisaje vertical que me arranca del desasosiego, sobre la gramática femenina de la purificación —ahora que se acerca la noche de san Juan—, o sobre la genealogía de nuestros bosques atlánticos...


     El verde de la bahía, la caída del sol, el olor de los raíles... todo este paisaje que acaba componiendo mi vergonzosa ingenuidad política, cultural, existencial... En fin, mi vergonzosa ingenuidad.






VIAJE AL ALMA NUEVA


     Voy escribiendo hoy un viaje alrededor de mis insomnios... ¿Qué me inquieta en esta España que algunos declaran ya vacía? ¿Qué es lo que definitivamente hemos perdido?

      Vagabundeo hoy entre Ponferrada y el sur del mundo... Disfruto el placer de ir viendo las huertas medievales y las colinas henchidas de vides, esos ríos mineros y sus ilusiones atlánticas...


      Y de vez en cuando me siento en la tierra y digiero algunos párrafos de La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror, Slavoj Žižek azuza la conciencia política de los izquierdistas como pocos saben hacerlo... y me pierdo entonces en meditaciones filosóficas de otros tiempos...

   (pasa un automóvil arrojando propaganda electoral y recuerdo de pronto ese enigmático poema de e.e. cummings, "un político es un culo/ en el que se ha sentado todo el mundo salvo un hombre")

    Y medito –mientras allá arriba me amenazan nubes de tormenta– sobre ese 'deber cívico' de pensar y repensar la 'utopía social' a la que sigo aspirando... ¿Qué me queda aún de mi aventura?


     Voy vagabundeando entre mi ciudad y el sur del mundo, y siento que voy bogando como un bote contra la corriente... Hacía tiempo que no me sentía tan iluso, hoy presiento más que nunca que es necesario continuar la revolución, la revolución de todo aquello que nos vive... hasta construir un alma nueva.

    Hemos de sentir la lluvia antes de que nos cale hasta los huesos.


Y EL TRABAJO SE HIZO AIRE...

(Terapia de grupo sin mucho futuro)
(columna con retranca)

Yo trabajaba en el alambre… y no pasaba hambre
Yo trabajaba en una pastelería… y me hice diabético
Pues yo trabajaba en un taller de automóviles… y me jodieron esta mano


Yo trabajé en la mina… y así de negro me quedé
Yo trabajaba en un supermercado… y me hice vegetariana
Yo trabajaba en un pub nocturno… y me dejaron hecho polvo.

Yo trabajaba en una frutería de la plaza de Abastos… y siempre estaba triste en aquella calle sembrada de cajones de fruta

Yo trabajaba en un taller de bicicletas… pero no voy a contaros mis amarguras íntimas

Yo trabajaba de camarero… y cogía unas borracheras descomunales


Yo trabajaba en una tienda de alimentación… y tan fuerte era mi tedio que me crecieron estos hongos


Yo trabajaba en el servicio de limpieza del hospital… y me hice soñador de paisajes submarinos

Yo trabajaba en un hostal de carretera… y me hicieron un cuentista

......yo trabajaré... ¿tú trabajaste?... ella trabajaría... nosotros trabajábamos... vosotros hubierais trabajado.... cualquier día ellos tal vez no/tal vez sí trabajen...

…como si el resto de sus vidas fuese un eterno estar a la intemperie, doloriéndose de la falta de trabajo, exiliados del mundo que nos arde…


RODABALLO EN CUATROVIENTOS

     Es un placer rodar por Cuatrovientos tras la caída del sol...

    Íbamos la tarde del martes –tarde de total vagabundaje– por la orilla de sus bares, talleres y comercios... Todo parecía en nuestro barrio más obrero de un optimismo estructural. Hasta las cañas de cerveza tenían otro sabor, otra frescura. ¡Con qué desparpajo trataban los parroquianos de El Español temas tan escabrosos como la insondable brecha económica nacional, o la pertinaz desidia de los concejales de Cultura y Juventud!


    En cambio en el café de Cuba –cada vez que lo visito me sumerjo en aquel café donde pasé un tercio de mi juventud– hablaban de las últimas adolescentes desaparecidas en la ciudad, el mundo es una equivocación, Tomasín, la mayoría de la gente se está quedando congelada, no reacciona ya ante nada, esta es la sociedad del cansancio, Jesús, bebe, que igual mañana somos ya mortaja...

–La semana que viene dicen que cierran la peluquería.

   Y bueno, entre caña y caña fuimos componiendo un catálogo de los monstruos municipales que andan rondando por esas rúas y azoteas con el propósito de joderles los sueños, monstruos tan inicuos como el pseudografitero que enguarra una vez al mes las paredes de la iglesia, o la loca que amenaza con su máquina de coser Singer a los adolescentes que van a follar en su portal...


    Había una mujer sentada a la ventana del café Latino, con un gato en su regazo, y me pareció que tenía una mirada existencialista, misteriosa pero existencialista... Pessoa hubiera dicho “su mirada tiene algo de música tocada a bordo de un barco”. Nadie hablaba en el Latino, y ahí me sentí como un comerciante cansado...



     Y fue entonces la noche como un rodaballo azul. No sabría deciros cuántas cañas cayeron, pero es una delicia experimentar el optimismo estructural por esas calles y bares de Cuatrovientos hasta las tantas...


VEINTE MANZANAS

      No soy capaz de saltar de mi barrio a otra ciudad, a otro país...

      Yo sigo atado a estas veinte manzanas, quiero decir que por mi barrio sigo peregrinando, por sus purgatorios y sus macetas de flores turbias, por los entresuelos de su utopía engrasentada, por los sótanos enmohecidos de su rabiar...


     Las estridencias de sus protestas las escucho hasta más allá de la medianoche, cuando pasa el último tren de mercancías, y ahí entonces penetro en las negruras donde yacen insatisfechos trozos de metal humano, salarios exiguos (por no decir de mierda), viviendas y barcas aplastadas, espinazos doblados por la desesperación...


     Su primavera se está haciendo trizas contra el muro del desengaño y el malvenir. Es jodido deambular por sus esquinas entristecidas, recorrer con valentía el ancho inventario de sus derrotas. Decía que su primavera es la mórbida primavera de los perdedores. Y quedo a veces contemplando las pocas rosas que le han crecido a este barrio mío y me parece que están todas marchitas...

       Hablo de vez en cuando con la quiosquera, con la frutera, con el panadero, con el zapatero, con el dueño del gastrobar... y es como si se les hubiese consumido el agua, como si les hubiesen despojado del frescor. Pero yo estoy con mi barrio, no soy capaz de saltar a esos otros temas tan abstractos y tan exóticos como las corridas de Venezuela o los chavistas del poblado de Tordesillas...



      Yo estoy con mi barrio, aunque también sea una manera de estar en la Nada del mundo.


EL SUEÑO DEL UROGALLO

       Fue un sueño breve. Yo regresaba de las flores de los manzanos y otros ámbitos frutales, cuando apareció el Tren del Burbia. En la estación de Parandones se detuvo y la locomotora tenía ese no sé qué de aquellas locomotoras que desembocaban en los apeaderos del mar. Y yo me subía al último vagón como quien entra en uno de esos cuadros con humos y trenes del Impresionismo.

        El arranque fue estrepitoso, al estilo de algunos poemas de Ezra Pound. Me senté y lograba al fin posar los ojos en el cuento de Antonio Pereira ‘Don Eloy, deje salir a Dorita o me mato’, y ahí me quedé gozando...


       Hasta que habló el único pasajero con rostro humano que me acompañaba: “Es una pasada viajar en este tren”. Y sacó entonces el fiambre de un urogallo que llevaba escondido en un saco de cemento. “Se llamaba Mariano”, dijo. Y lo acariciaba, al fiambre, como si fuese de verdad un ser humano… ¡¡¡Y es que el rostro del urogallo era clavadito al rostro de Mariano Rajoy!!! “Yo también fui un pobre notario de provincias”, acabó confesándome.

        Y de pronto el urogallo cambió de rostro y tomó el rostro de ¡¡¡Pedro Sánchez!!! ¡¡¡Horror!!! Hasta que me confesó algo terrible: “Yo antes fui también un inútil senador arribista”. Y fue el rostro del urogallo deformándose hasta cobrar el rostro de ¡¡¡Pablo Iglesias!!! Y por cada nueva confesión que me hacía –“Yo también fui un pobre concejal de Cultura”, “Yo también metí pasta en Panamá”— el urogallo iba cambiando de rostro... ¡¡¡Cabronazo de urogallo!!!


      No sé cómo sucedió, pero de repente aparecieron sentadas a su lado dos olímpicas mulatas, y este hombre comenzó a rogarles que compartieran con él la pena del urogallo y su defenestración... Y así lo hicieron, brindando con enormes vasos llenos de vermú... Y el Tren del Burbia quedaba atrapado entre unas nieblas del color de las avellanas...